
La ciudad lo anunciaba exhibiendo una pereza emocional más delirante que la mía. La tarde de domingo se escurrió sin hacer mucho ruido, discretamente.
Yo: impávido. Perdiendo el tiempo. Consciente de perderlo como si fuera una forma de invertirlo.
Mientrastanto, desde mi piel hasta tus pasos, desfilan ejércitos de besos.
De dulces y tiernos besicos.
3 comentaris:
Las ciudades siempre nos cuentan las cosas antes de que pasen... pero pocas veces las escuchamos. Deberíamos susurrarle más a las farolas.
Besicos, mmm..bicos...
Bones Festes!
Bones Festes!
Bon Any Nou!
Una abraçada
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