Habla de noches de vino y risas (rosas, rasas, rusas), limones, limas, menta, melocotones, luces de papel, velas, guitarras, cigarros, cubitos de hielo fundiéndose en tu boca.
Habla del sólido vacío que dejan tras el último portazo las botellas descorchadas, las copas sucias de dedos y labios desatados, las carcajadas bajando la escalera, resbalando hasta el fondo de la calle.
Pero habla, sobretodo, del silencio. Del silencio no como una ausencia sino como la constatación de un pensamiento. Del silencio como mensaje. Del silencio como mi manera de ser tu aliento, tu duda, tu sudor.
Entrando y saliendo de ti.
Saltando de puntillas por este abismo.
De lunar en lunar.
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